Después de recorrer Nashville, no pude evitar pensar: así como esta ciudad se consolidó como el corazón vivo de la música country, Valledupar debe convertirse en la ciudad del vallenato, no solo por ser su cuna, sino por construir el mismo tipo de ecosistema musical: vibrante, diverso, integrado y con visión de futuro. Nashville no es solo un lugar; es una experiencia inmersiva, donde la música se respira los 365 días del año. Hay conciertos en parques, calles cerradas, bares, museos, rooftops y hasta iglesias adaptadas. La ciudad vive su narrativa musical con orgullo, y la ha transformado en motor económico, cultural y turístico.
María Claudia Lacouture presidente de la Cámara Colombo Americana Amcham Colombia y presidente de la Alianza Aliadas
Ese modelo no debe copiarse, pero sí puede inspirar una visión clara para Valledupar, que ya cuenta con el alma del vallenato, pero necesita fortalecer su infraestructura y narrativa. Hoy más que nunca puede convertirse en un epicentro de identidad y desarrollo. El Festival de la Leyenda Vallenata es un ícono, pero se realiza una vez al año. Lo que vi en Nashville demuestra que una ciudad musical necesita actividad permanente: bares temáticos, presentaciones diarias, circuitos turísticos, plazas vivas y una agenda cultural continua. (María Claudia Lacouture: Colombia, destino de ritmos: una apuesta por el turismo musical)
También hacen falta escuelas de música, estudios de grabación, espacios de ensayo y un museo interactivo del vallenato, que honre sus raíces campesinas, indígenas y afro, sus distintos ritmos y la historia de sus grandes exponentes. Nashville ha integrado incluso su gastronomía -con platos típicos y food trucks creativos- a su experiencia musical. Valledupar también puede hacerlo con su cocina local y productos regionales.
Convertir a Valledupar en la Nashville del vallenato requiere visión, inversión y articulación institucional. La ciudad, con unos 550.000 habitantes, debe prepararse para una mayor llegada de visitantes, con infraestructura adecuada y promoción estratégica. La música no solo preserva identidad: bien gestionada, genera empleo, impulsa el turismo y fortalece el orgullo local. Nashville tardó cerca de 25 años en consolidarse como la capital global del country, gracias a un esfuerzo colectivo de autoridades locales, sector privado, gremios culturales y comunidad artística que apostaron por una política pública sostenida, un relato coherente, y una inversión constante en infraestructura, formación musical y promoción.
Sin duda, esto no se logra de la noche a la mañana, pero sí es posible establecer un plan de largo plazo, con el compromiso de los gobernantes de mantenerlo en el tiempo, más allá de los ciclos políticos, y de convocar a un esfuerzo colectivo con responsabilidades claras y objetivos comunes.
Valledupar tiene lo más importante: una herencia musical profunda, pasión en su gente y una historia que merece ser contada al mundo. Lo que viví en Nashville reafirma que es posible lograrlo si se construye una narrativa coherente, moderna y continua, que convierta al vallenato en una experiencia cultural activa, cercana y universal.
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