La conmemoración de los 500 años de Santa Marta en 2025 no solo representó una celebración histórica, sino también una oportunidad crucial para reflexionar sobre su futuro. Esta efeméride plantea el reto de transformar la ciudad mediante una visión colectiva, inclusiva y sostenible, que valore su riqueza natural, su vocación productiva y la fuerza de su gente. Santa Marta, considerada la “Ciudad Origen” de Colombia, fue testigo de procesos históricos y culturales que marcaron su identidad, desde las raíces ancestrales tayronas hasta su rol en la colonización y la historia republicana.
María Claudia Lacouture.
El momento actual exige dejar atrás el resentimiento del pasado y concentrarse en construir un presente con visión de largo plazo. La ciudad cuenta con ventajas estratégicas: un puerto de aguas profundas con acceso al Caribe, una creciente vocación agroindustrial, oportunidades de desarrollo en economía azul, y una riqueza natural y cultural inigualable. No obstante, la ciudad se enfrenta a desafíos estructurales como la informalidad laboral, inseguridad, el bajo acceso al financiamiento, la falta de articulación institucional, cultura ciudadana y deficiencias en infraestructura para el desarrollo productivo. (María Claudia Lacouture: Cuando la inseguridad vence a la belleza)
En este sentido, se plantea que Santa Marta debe convertirse en un eje estratégico de desarrollo para la región Caribe y para Colombia, un centro de buenas prácticas y crecimiento. Para lograrlo, es esencial una planificación rigurosa, una visión compartida de ciudad y una hoja de ruta consensuada que transcienda gobiernos. Es imperativo involucrar a todos los sectores -ciudadanía, academia, sector empresarial, líderes sociales y gobiernos- en un propósito común que supere intereses políticos o partidistas. El desarrollo no debe ser improvisado, sino el resultado de una gestión técnica, participativa y sostenible.
Uno de los pilares fundamentales de esa transformación es el turismo. Con una adecuada planificación, educación, infraestructura y profesionalización del sector, Santa Marta puede posicionarse como un destino internacional de alto nivel, capaz de recibir más de un millón de turistas al año de forma sostenible.
Igualmente, el comercio exterior es un área con gran potencial. Ya consolidada como un referente exportador -en productos como banano, café, palma, frutas y otros derivados-, la ciudad puede expandirse hacia nuevos sectores relacionados con la economía azul, la bioeconomía, alimentos funcionales y manufacturas, si logra articular innovación, conocimiento y sostenibilidad.
La juventud también ocupa un rol central en esta visión de futuro. Son los jóvenes quienes pueden sostener los procesos de transformación, por lo que es vital fomentar su educación técnica y superior, conectarlos con las economías digitales y verdes, y promover su liderazgo en los espacios de decisión pública. Una gobernanza eficiente, transparente y orientada al largo plazo es otra condición esencial, así como la gestión efectiva de recursos y la mejora de la planeación urbana y social.
La celebración del aniversario 500 debe ser el inicio de una chispa de unión y compromiso, basada en valores, sentido de pertenencia y trabajo colectivo que proyecte a todos los samarios a contribuir, desde el lugar que ocupemos, a la transformación de nuestra ciudad. Esto implica replicar iniciativas con propósito, apoyar a las autoridades, involucramiento del sector privado, fortalecer la cultura ciudadana y promover una educación inclusiva. Solo con unidad, compromiso ciudadano y liderazgo sin intereses particulares será posible que Santa Marta se proyecte como una de las ciudades más modernas y sostenibles del Caribe.
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