El turismo regenerativo representa una nueva visión en la industria del turismo, un concepto que va un paso más allá de la simple sostenibilidad. Mientras que el turismo sostenible busca minimizar el impacto negativo y mantener la buena imagen de un destino, el enfoque regenerativo propone dejar el lugar mejor de cómo se encontró.
No se trata solo de no dañar, sino de sanar, restaurar y enriquecer activamente los ecosistemas naturales y las comunidades locales. Esta filosofía, esencial para el futuro de los viajes responsables, encuentra un ejemplo vibrante y crucial en el municipio de Nuquí, en el Pacífico colombiano.
Este municipio, ubicado en el departamento de Chocó, en la costa del Pacífico colombiano, es un territorio privilegiado por una biodiversidad exuberante: selvas húmedas, manglares, ríos caudalosos y el majestuoso océano Pacífico. Es conocido mundialmente por el avistamiento de ballenas jorobadas (yubartas) entre julio y octubre. Su aislamiento geográfico, aunque es un desafío logístico, lo ha protegido de la masificación, convirtiéndolo en un lugar idóneo para aplicar el modelo regenerativo.
El turismo regenerativo en Nuquí se centra en programas para proteger las zonas de desove (los operadores turísticos locales, muchos de ellos miembros de las comunidades indígenas y afrocolombianas, se involucran activamente en el monitoreo y protección de playas sensibles para el desove de tortugas marinas).
También para rehabilitar manglares (proyectos comunitarios liderados trabajan en la reforestación y cuidado de los manglares, un ecosistema vital que funciona como barrera natural contra la erosión costera y como criadero de peces y crustáceos), y para el avistamiento responsable de ballenas (las cooperativas de lancheros han establecido estrictos protocolos de acercamiento a las ballenas para minimizar el estrés acústico y físico sobre estos mamíferos, garantizando que la actividad no comprometa su ciclo de reproducción).
No obstante, hay retos claros que hay que reconocer y prevenir, como la construcción de infraestructura inadecuada, hotelería desorganizada, disgregación de las comunidades locales, devastación de parajes naturales, malos manejos de residuos, etcétera, etcétera.
Las actividades como el avistamiento de ballenas son estacionales, por lo que hay que diversificar la oferta para no dejar a la comunidad sin ingresos el resto del año, y ser conscientes de que ejecutar proyectos regenerativos exige formación, recursos y, sobre todo, decisiones locales con apoyo institucional.
Pensando en lo anterior, en la actualidad hay un importante proyecto liderado por Coca-Cola, con el apoyo, rigor académico y metodología de la universidad EAN, además del conocimiento técnico y comprometido de Mochileros y Wero, y la participación más importante que son los actores locales, que bajo el puente articulador de AmCham Colombia han hecho una apuesta ética y práctica para mostrar que turismo, conservación y mejora pueden ser aliados si la comunidad es el centro de la decisión.
Si vas a Nuquí, lleva curiosidad, respeto y disposición para apoyar lo local, y volverás a casa con historias que valen más que una foto bonita.
Viajar de manera regenerativa significa dejar huella, pero una que siembra manglares y hace que las generaciones futuras puedan seguir viviendo y contando historias en su tierra.
Temas relacionados

