OPINIÓN

María Claudia Lacouture: detener el cambio climático para garantizar el turismo sostenible

Según María Claudia Lacouture, no solo la pandemia están afectando el sector turístico en su reactivación.

Según su nueva edición, María Claudia Lacouture considera que hay dos grandes problemáticas que acechan al sector turismo en su reactivación, pero también en su supervivencia como industria: la pandemia y el impacto climático.

El turismo mundial afronta hoy dos enormes desafíos, a corto y largo plazo. A corto plazo tenemos que superar la tragedia ocasionada por la pandemia, que después de un año de paralización sigue sin darnos una certidumbre sobre cuándo podremos normalizar el tráfico turístico, aunque todo parece indicar que este año la pasaremos de ola en ola y que la vacunación se tomará su tiempo para que su cobertura nacional permita sentirnos al otro lado de la crisis.

A largo plazo tenemos un asunto sobre el cual nos preocupamos poco, pese a lo que supondrá en un futuro.

"Cómo evitar un desastre climático", el último libro de Bill Gates, trae una visión muy elocuente de lo que se nos viene encima si no cambiamos los modelos de desarrollo fundamentados en la producción de gases de efecto invernadero.

Solo el sector del transporte emite el 16% de los 51.000 millones de toneladas de gases causantes del efecto invernadero que el mundo deposita cada año en la atmósfera. En el capítulo del libro que trata de "cómo nos desplazamos" y la cantidad de gases que ello produce, Gates comienza con un test de dos preguntas:

1. ¿Qué contiene más energía?

  • Un litro de gasolina.
  • Un cartucho de dinamita.
  • Una granada de mano.

2. ¿Qué es más barato en Estados Unidos?

  • Un litro de leche.
  • Un litro de jugo de naranja.
  • Un litro de gasolina.

Las respuestas correctas son A y C. Un litro de gasolina desprende energía equivalente a 490 cartuchos de dinamita. Lo hace lento, no de un solo estallido. No existe nada en nuestra vida cotidiana que proporcione tanta energía por litro a tan bajo costo.

Con esos ejemplos, Gates intenta dimensionar lo difícil que será encontrar una energía que nos permita suplir todas nuestras necesidades. Y sin un sustituto limpio, fiable y barato no habrá cómo detener una catástrofe climática que, por cierto, ya se comienza a sentir con el aumento de la temperatura, del deshielo polar y de los niveles marítimos.

Aunque el aumento previsto del nivel del mar –probablemente más de un metro para el 2100– puede no parecer gran cosa, la marea perjudicará unos lugares más que otros y empujará hacia el interior ciudades ubicadas en las costas. En algunas ciudades del Caribe ya se está subiendo el agua del mar por los colectores pluviales, incluso cuando no llueve.

Si bien el turismo, a través del transporte, tiene una alta injerencia, a eso debemos sumarle el uso exclusivo de energía fósil en la producción de diversos productos que emiten altas cantidades de gases. Apenas estamos aprendiendo de economía circular, a reciclar, a cuidar las playas, a proteger los entornos naturales.

Es importante tener en cuenta estas variables para la reactivación del sector porque incidirán en la toma de decisiones para las visitas y las inversiones. Y las autoridades locales, las empresas y los ciudadanos debemos tener un conocimiento más amplio de esta problemática y una actitud más radical para resguardar el planeta, proyectarnos a largo plazo, con un turismo distinto y hábitos diferentes.

¿La solución? Gates es optimista: con investigación, desarrollo e innovación (I+D), grandes inversiones, evolución tecnológica y mucha presión a los políticos para que tomen las decisiones correctas podemos avanzar en ese sentido y garantizar también el turismo sostenible que nos conviene a todos.

Notas de Tapa