OPINIÓN

María Claudia Lacouture: cruceros por el Magdalena y la recuperación del río

María Claudia Lacouture resalta que una nueva esperanza se abre para la recuperación del río Magdalena, y llega de la mano del turismo.

En su nueva edición, María Claudia Lacouture se refiere al río Magdalena como la principal vía de comunicación de la época prehispánica, vía estratégica de la conquista y clave para la consolidación de la colonia, de los extensos territorios de la Colombia de hoy.

Hasta que su excesiva sedimentación, aumentada por la deforestación, lo hicieron transitable solo para pequeñas embarcaciones. Desde entonces, los innumerables esfuerzos para revivirlo han fracasado, por lo que optamos por darle la espalda y dejarlo a merced de su propio deterioro.

Por eso el anuncio de Metropolitan Touring Colombia y la empresa de cruceros AmaWaterways de que en 2023 inauguran un recorrido entre Cartagena y Barranquilla y otra ruta a Mompós (o Mompox), con un barco de lujo de US$ 30 millones que construirán en Colombia, abre una esperanza para el aprovechamiento de este gran río y supondría un comienzo para cumplir el viejo sueño de hacerlo navegable hasta las regiones de más arriba y convertirlo en una solución para el transporte de productos desde el interior. Una barcaza puede transportar la carga de 250 camiones.

La historia de la navegación por el Magdalena está plagada de anuncios auspiciosos e inversiones perdidas, con más intenciones que posibilidades y más entusiasmo que realismo. En 2014 estuvimos cerca con una Alianza Público Privada que preveía una inversión hasta por US$ 2.000 millones que naufragó rápido, encallado en desacuerdos.

Para ese entonces vinieron inversionistas de varios países interesados en transporte de carga y astilleros, con un interés auténtico que se fue diluyendo hasta desaparecer. Por eso el anuncio de estas empresas y la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Cormagdalena) es muy importante en momentos en que Colombia necesita reactivar su turismo con proyectos distintos y de infraestructura robusta.

El trayecto proyectado entre Cartagena y Barranquilla, que comenzaría por el Canal del Dique y bajaría hasta Calamar, que es punto de llegada de ese brazo artificial, tardaría siete días, lo que hace suponer que es un barco grande y muy cómodo que requiere profundidad y obliga a dragar grandes trechos. Es un tema en el cual no puedo ahondar porque no soy especialista, aunque sí es fácil suponer que se requieren grandes inversiones.

Al margen de las dificultades, lo importante es que se cumpla ese objetivo y tengamos la oportunidad de aprovechar ese caudal inmenso de aguas para el turismo. Según el Ministerio de Transporte, éste proceso de rehabilitación beneficiaría a más de 264.860 pobladores de 14 municipios.

El último recuerdo que tenemos de transporte de pasajeros por el Magdalena lo ilustra con nostalgia Gabriel García Márquez en sus novelas y en su libro autobiográfico, motivo suficiente para animar a turistas de todo el mundo y que debe estar acompañado de una política ambiental que garantice la recuperación de los entornos de todo el trayecto, degradados por la pobreza y el abandono de todo su trayecto. Ya ni la pesca es la misma.

Los estudiosos del río son pesimistas porque conocen muy bien las dificultades y características del Magdalena, pero los optimistas estaremos alentando la iniciativa y confiando que ese sueño casi macondiano se convierta en una realidad.

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