OPINIÓN

Lacouture: Islandia, lecciones para un turismo sostenible

María Claudia Lacouture resaltó a Islandia por las estrategias implementadas para mantener un equilibrio entre la sostenibilidad y el turismo.

María Claudia Lacouture explica que los poco más de 350 mil habitantes de Islandia apenas si logran asimilar las repentinas avalanchas de turistas. En 2019 llegaron 2 millones de extranjeros, seis veces más que su población, atraídos por su espléndida riqueza natural, su alegre y vistosa capital, Reikiavik -que alberga a la mayoría de sus habitantes-, su cultura o por el simple hecho de su cercanía al Círculo Polar Ártico, donde las noches son tan claras como el día en el verano y el aurea boreal pinta los cielos en otoño e invierno.

La súbita popularidad de ese destino todavía desconcierta a los lugareños y a sus autoridades, que hacen lo posible para manejar con prudencia y amabilidad las masivas llegadas de turistas y evitar que su mayor fuente de ingresos se convierta en una pesadilla.

De momento no hay sitio prohibido para visitar ni se cobra por disfrutar, su infraestructura es sencilla y eficiente, accesible para todos, con adecuada señalización, el bilingüismo permite la comunicación fluida y es evidente el gran esfuerzo institucional para comunicar la importancia de cuidar, preservar, comportarse bien.

Las alertas del turismo masivo están activadas y deben actuar con tiempo y rapidez. A diferencia de otros destinos que redujeron sus presupuestos en 2020 como consecuencia de la pandemia, Islandia aumentó su gasto en turismo en un 40%, principalmente para mejorar la infraestructura de los lugares de mayor afluencia.

Islandia ocupa el primer lugar del Green Future Index 2022, que califica la capacidad para desarrollar un futuro sostenible y bajo en carbono. Mide el grado en que sus economías están girando hacia la energía limpia través de la inversión en energías renovables, innovación y políticas verdes.

El país logra la preservación de sus recursos naturales sin prohibir el turismo, mantener un equilibrio de convivencia sin visibles alteraciones, algo que Colombia, 10 veces más grande en extensión territorial, puede lograr con una adecuada gestión de sus ecosistemas y sus reservas, con políticas que ayuden a planificar, organizar y proveer las herramientas necesarias para que el turista sea parte del entorno y sea parte de la solución y no del problema.

Conocido como el país más amigable del mundo, Islandia busca a toda costa evitar convertirse en uno de esos destinos donde sus poblaciones rechazan al turista y por ello trabaja de la mano con los empresarios, mirando hacia el futuro; le interesa más proteger su tesoro natural que el negocio en sí mismo y la tranquilidad de su población por encima de la fortuna.

Las autoridades saben que necesitan contrarrestar el mal turismo, el de bajo costo, poco gasto y mucho ruido, desarrollando la estrategia de "calidad por encima de la cantidad". Su promoción se enfoca en atraer a profesionales con altos ingresos que puedan ayudar a estimular la economía local sin provocar una superpoblación en las altas temporadas.

No es fácil detener el exceso de éxito, pero hay que aprender a administrarlo. Son modelos que tenemos que aprender sobre gestión y que favorecen de gran manera la percepción en países como Colombia, cuya vocación también debe concentrarse en el ecoturismo, en la vocación de su riqueza cultural, en la calidad, con inversión y estrategia.

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