El pasado 1° de diciembre el Gobierno Nacional instaló la mesa encargada de definir el salario mínimo de 2026, con la participación del Ministerio de Trabajo, representantes sindicales y gremios empresariales. El encuentro se desarrolló en un contexto marcado por presiones inflacionarias y la necesidad de equilibrar los ingresos de los hogares con la realidad económica del país.
Salario mínimo 2026: una negociación que promete ser más difícil que otros años
Definir el salario mínimo 2026 implica ajustar ingreso, inflación y empleo en un contexto donde el costo de vida marca la discusión.
Gobierno Nacional inicia mesa tripartita para discutir el salario mínimo 2026, mientras aumenta la brecha entre empresarios y sindicatos.
“Hemos escuchado propuestas sustentadas en supuestos macroeconómicos y en la información disponible sobre productividad, inflación causada y esperada, así como en su impacto sobre rubros sensibles del presupuesto familiar como educación, salud, vivienda y servicios públicos”, afirmó el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino.
El propósito central es encontrar un valor que cuide el poder de compra de los trabajadores sin afectar la dinámica del mercado laboral ni la capacidad operativa de las empresas.
Las posiciones en la mesa del salario mínimo llegan con diferencias marcadas. Los gremios empresariales han planteado un ajuste moderado basado en los cálculos técnicos de inflación y productividad, mientras que las centrales obreras insisten en un incremento bastante superior, argumentando que el costo de vida presiona cada vez más el presupuesto de los hogares.
¿Un incremento alto pondría en aprietos al sector empresarial?
Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, advirtió que un aumento por encima del 6.21% tendría efectos adversos sobre la formalización, el empleo y la sostenibilidad de muchas compañías.
“En las condiciones actuales, proponer un porcentaje mayor al cálculo técnico implicaría un esfuerzo difícil de asumir; cualquier cifra superior se alejaría de la racionalidad económica y terminaría generando efectos nocivos en empleo y formalización”, sostuvo.
Para 2025, el salario mínimo es de $1.423.500 sin incluir el auxilio de transporte. Si se aplicara el 6.21% técnico, el monto para 2026 rondaría los $1.511.900.
Algunos gremios han sugerido un 7.21%, cifra que —según Fenalco— ya representa un margen considerable frente a la situación económica.
Del lado sindical, la propuesta del 16% elevaría el salario a cerca de $1.651.260. Fenalco considera esta cifra “desproporcionada”, al señalar que triplica la inflación estimada para 2025.
Los sindicatos, sin embargo, insisten en que el ajuste debe reflejar el encarecimiento del costo de vida, especialmente en vivienda, servicios públicos y transporte.
Un diálogo tripartito que busca un punto medio
Con la instalación de la mesa tripartita, Gobierno, empresarios y trabajadores iniciaron formalmente el proceso para definir el salario mínimo del próximo año. Fenalco ya expresó que no apoyará incrementos elevados fijados por decreto y condicionó su respaldo a un proceso basado en criterios técnicos.
Mientras el Ministerio de Trabajo y las organizaciones sindicales insisten en un aumento que recupere la capacidad de compra de los hogares, los empresarios piden prudencia para evitar impactos que afecten empleo, competitividad y la salud financiera del tejido productivo.
El plazo para lograr un acuerdo vence a mediados de diciembre. Si no se alcanza una cifra concertada, el Gobierno podrá definir el incremento mediante decreto, tal como ha ocurrido en otras ocasiones recientes.
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