El más reciente escándalo en el sector turístico colombiano volvió a encender las alarmas. Una vez más, las estafas, suplantaciones y agencias fantasmas dejaron al descubierto una debilidad estructural que afecta directamente la confianza entre mayoristas, agencias de viajes y consumidores.
Cuando las estafas en el turismo se repiten, algo no está funcionando
En los últimos años, el turismo en Colombia ha sido blanco de estafas que evidencian un sistema desprotegido y la escasa vigilancia del Estado.
Las estafas en el turismo no son casos aislados, son el reflejo de un sistema vulnerable.
En los últimos años, se ha registrado un preocupante aumento de fraudes en el sector. Aunque las modalidades varían, el desenlace es común: pérdidas millonarias y un deterioro significativo de la credibilidad de la industria.
Un patrón que se repite: ¿qué nos están enseñando estos casos?
El caso del que estamos hablando es el de Aventura 56, cuyo representante, Juan Rojas, desapareció en junio de 2025 con una suma considerable de dinero. Más de 20 agencias y mayoristas reportaron haber sido afectadas, y hasta la fecha se desconoce su paradero. Aunque era conocido por representar a Vista Sol Punta Cana en Colombia, el hotel negó cualquier vínculo formal, más allá de una relación comercial básica. (A pesar de la estafa de Aventura 56, las agencias se movilizan para responder a sus clientes)
En 2023, el caso de Dezima Tour sacudió al sector. Esta mayorista antioqueña habría estafado cerca de $ 2.000 millones a al menos 15 agencias. Su gerente, Miguel Eduardo Morales, desapareció tras varios meses de evasivas y promesas incumplidas de reembolso.
Ese mismo año, la agencia Londoño Tour, que operaba exclusivamente en redes sociales y sin registro oficial, fue acusada de defraudar a más de 200 personas por más de $1.000 millones. Lo más alarmante: su representante, Sandra Milena Londoño, ya había protagonizado una estafa similar en 2019 bajo otra identidad. (Acusan de estafa a dos agencias de viajes del país)
El problema va más allá de los fraudes puntuales. Lo que revelan es un ecosistema frágil, marcado por la ausencia de control estatal, una aplicación débil de la normativa y altos niveles de impunidad. Cuando una agencia es estafada o suplantada, no solo pierde dinero: pierde reputación, clientes y, en muchos casos, la posibilidad de seguir operando.
Este entorno de desprotección desincentiva la denuncia y permite que los responsables continúen delinquiendo impunemente. La justicia debería ofrecer garantías reales a todos los actores del sistema económico, en especial a las pequeñas y medianas empresas que sostienen gran parte de la actividad turística en las regiones.
Factores que alimentan el fraude
El auge de las estafas en el sector turismo se explica por una combinación de factores:
- El crecimiento del comercio electrónico, sin una adecuada alfabetización digital.
- La facilidad para falsificar certificados oficiales, como el Registro Nacional de Turismo (RNT) o documentos de la Cámara de Comercio.
- El uso de redes sociales y plataformas como WhatsApp para crear identidades falsas con apariencia profesional.
- La débil supervisión estatal, que no controla el funcionamiento real de muchas agencias.
- La continua atracción de ofertas demasiado buenas para ser verdad, que, presentadas con una fachada convincente, siguen engañando a miles.
Más preocupante aún es que muchos estafadores desaparecen temporalmente y regresan años después con una nueva razón social, sin enfrentar consecuencias legales ni alertas institucionales. La industria, sin memoria colectiva ni mecanismos de control eficaces, les vuelve a abrir las puertas, perpetuando un ciclo de fraude: se estafa, se desaparece, se reaparece… y se vuelve a estafar.
Este fenómeno reitera la urgente necesidad de reformas estructurales que fortalezcan la regulación, mejoren la vigilancia y protejan la integridad del sector.
Recomendaciones para prevenir fraudes
Para prevenir estos delitos, es clave que tanto las agencias de viajes como los clientes adopten medidas de protección concretas.
Para agencias de viajes:
- Verificar el RNT y los datos legales de cualquier proveedor.
- Exigir contratos firmados y comprobar su autenticidad.
- Nunca pagar a cuentas personales ni fuera del sistema financiero formal.
- Capacitar al equipo en detección de fraudes y ciberseguridad.
- Denunciar de inmediato, comportamientos sospechosos ante gremios y autoridades.
Para clientes:
- Desconfiar de ofertas demasiado económicas o urgentes.
- Validar que la agencia esté registrada en el RNT y el RUES.
- Revisar términos, condiciones y políticas de reembolso.
- Pagar solo a través de medios con trazabilidad y protección al consumidor.
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