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Academia vs. experiencia: la paradoja del talento en turismo

El turismo crece y genera empleo, pero la brecha entre educación y operación mantiene vivo el dilema: ¿pesa más el título o la experiencia?

El turismo en Colombia vive una paradoja evidente: mientras la demanda crece y el sector gana relevancia en el empleo, la formación de talento sigue rezagada. En los salones de clase abundan los discursos sobre sostenibilidad y competitividad, pero en la operación diaria domina la improvisación y el oficio aprendido a pulso.

El resultado es una grieta que nadie parece cerrar: titulados que no encuentran dónde aplicar lo aprendido y trabajadores empíricos que no logran ascender porque carecen de diploma. La pregunta, entonces, no es nueva, pero sí urgente: ¿qué pesa más, la academia o la experiencia?

Crecimiento con fisuras en el empleo

El Observatorio de Turismo de Bogotá, con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) del DANE, muestra que el empleo en alojamiento y servicios de comida crece más rápido que en otros sectores. Sin embargo, este dinamismo es engañoso, ya que junto con la expansión, se dispara la informalidad. Es decir, el turismo genera más puestos, pero no necesariamente mejores.

La OCDE advierte que esta no es una anomalía exclusiva de Colombia. A escala global, la hotelería y los restaurantes sufren escasez de talento y desajustes de competencias. Hoy las empresas no solo compiten por clientes, sino también por trabajadores, y los perfiles que llegan no siempre cumplen lo que el mercado demanda. El resultado es la rotación alta, precariedad y dificultad para consolidar equipos estables.

En el caso colombiano, el estudio de Brechas de capital humano en el sector turístico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Educación Nacional (MEN) ya lo había advertido: los programas formativos carecen de pertinencia en áreas claves como idiomas, servicio al cliente, manejo tecnológico y habilidades transversales. El diagnóstico es reiterativo, pues sobran diplomas, pero faltan competencias útiles.

Academia vs. experiencia en la práctica

La experiencia enseña lo que ningún plan de estudios logra replicar: lidiar con un huésped inconforme, improvisar cuando se cae el sistema de reservas o coordinar servicios en plena crisis operativa. No sorprende que muchos empleadores prioricen candidatos que “sepan hacer” por encima de quienes “sepan teorizar”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) documentó que los desajustes de habilidades explican tanto las vacantes sin cubrir como la baja productividad, un fenómeno crítico en sectores intensivos en servicio como el turismo.

Pero romantizar la experiencia de igual manera es un error. En Colombia, gran parte de los trabajadores con años de oficio en hotelería o guianza siguen atrapados en empleos precarios, con baja remuneración y pocas posibilidades de ascenso. Sin título, su carrera se estanca. Y sin certificación de competencias, esa experiencia se convierte en un capital invisible. (Talento en turismo: estrategias para formar y sostener equipos)

La academia, en contraste, ofrece método, gestión y visión estratégica. Para planificar destinos, liderar políticas públicas, implementar sostenibilidad o dirigir una cadena hotelera, el título es indispensable. La ONU Turismo lo recuerda: el turismo es el mayor empleador de jóvenes en el mundo, pero la mayoría apenas llega a la secundaria. Profesionalizar y diversificar la formación no es un lujo, es la única vía para sostener el crecimiento con calidad.

ACADEMIA VS. EXPERIENCIA (2)
La experiencia enseña lo que ningún plan de estudios logra replicar, pero romantizarla también es un error. La academia, en contraste, ofrece método, gestión y visión estratégica. 

La experiencia enseña lo que ningún plan de estudios logra replicar, pero romantizarla también es un error. La academia, en contraste, ofrece método, gestión y visión estratégica.

Educación superior y técnica en Colombia

Colombia cuenta con una amplia oferta académica en turismo, desde técnicos hasta profesionales, presenciales y virtuales. Entre los programas más visibles están la Universidad del Magdalena (Santa Marta), recertificada con TedQual en 2025; la Universidad Externado (Bogotá), pionera en dar estatus académico a la disciplina; la Universidad EAFIT (Medellín), con énfasis en enfoques interdisciplinarios y liderazgo; la Universidad EAN (Bogotá), centrada en sostenibilidad; y la Uniagustiniana, con proyectos aplicados en destinos y certificaciones. A ellas se suman la UPTC, el Politécnico Grancolombiano, Unicolombo, la Universidad del Valle, el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, entre otras.

Aunque esta red muestra diversidad, la crítica es recurrente: abrir programas no basta. Lo decisivo es cuántos egresados logran insertarse en el sector y con qué condiciones. Las propias universidades, al impulsar recertificaciones o reconocer falencias en prácticas, admiten que la pertinencia es todavía un punto débil.

El SENA sigue siendo un actor central. Sus programas en guianza, gastronomía y hotelería ofrecen acceso rápido al mercado, aunque el reto es lograr que su certificación tenga peso real en las trayectorias.

Además, un cambio reciente complejiza aún más el panorama: la reforma laboral de 2025 convirtió el contrato de aprendizaje en un vínculo plenamente laboral. Los aprendices del SENA ahora reciben salario (75% del mínimo en etapa lectiva y 100% en productiva), seguridad social, primas y vacaciones. En turismo, esto puede ser un arma de doble filo: mejorar las condiciones de miles de jóvenes o encarecer su contratación y reducir plazas. El desenlace dependerá de si las empresas lo asumen como inversión en talento o como costo a evadir. (Reforma laboral 2025: el Senado dijo sí, pero ¿a qué costo para el comercio y el turismo?)

Lo que dicen los empleadores y gremios

Las encuestas empresariales en Colombia son contundentes: los empleadores privilegian a los egresados que llegan listos para ejecutar. En un sector de márgenes estrechos y alta rotación, no hay margen para largos procesos de entrenamiento. En hoteles y restaurantes, el “saber hacer” inmediato pesa más que el diploma.

Sin embargo, cuando se trata de cargos estratégicos —analítica de datos, sostenibilidad, regulación o reputación— la balanza cambia. Allí el título universitario, y en muchos casos el posgrado, vuelve a ser la credencial decisiva que abre puertas y legitima la gestión.

Los gremios lo refrendan con crudeza. La Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) advierte que la hotelería sufre altos niveles de rotación y la ausencia de planes de carrera, lo que convierte a muchos puestos en simples “primeros empleos” de paso, más que en trayectorias profesionales consolidadas. (Condiciones laborales en hotelería: cifras que invitan a repensar el modelo)

El mensaje es inequívoco: ni la academia aislada ni la experiencia empírica bastan. El turismo necesita profesionales con formación pertinente y práctica real, y empresas que entiendan la retención de talento como inversión estratégica, no como un gasto prescindible.

La visión desde las agencias de viajes

En el subsector de agencias de viajes, la brecha entre academia y experiencia es aún más visible. El cargo de asesor comercial, columna vertebral de estas empresas, es también el de mayor rotación y el más difícil de cubrir. Formar un asesor exige tiempo y aprendizaje práctico en ventas, sistemas de distribución global, producto turístico y servicio, pero muchas agencias optan por atraer a quienes ya tienen experiencia, hasta recurriendo a prácticas desleales de “robar talento” a la competencia.

El resultado es un círculo vicioso de alta rotación, bajos salarios y contratos informales, donde la permanencia rara vez se traduce en una carrera estable. El estudio de brechas de capital humano confirma que solo uno de cada cuatro trabajadores en agencias tiene formación afín al turismo, mientras que la mayoría proviene de áreas técnicas, administrativas o únicamente con bachillerato. (Las agencias de viajes en tensión: sus voces)

En este contexto, no sorprende que muchos jóvenes vean en las agencias un empleo de paso más que un proyecto de vida profesional. La desconexión entre academia y operación golpea con particular dureza a este subsector, que requiere con urgencia rutas claras de formación, certificación y retención de talento para competir frente a las plataformas digitales y sostener su papel estratégico en la cadena turística.

De hecho, la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (Anato) insiste en que las agencias necesitan profesionales bilingües y con competencias digitales. La oferta académica actual no garantiza estas habilidades, lo que deja al país en desventaja frente a actores globales y limita la capacidad de innovación local.

ACADEMIA VS. EXPERIENCIA
Los empleadores valoran la experiencia práctica en turismo, pero para cargos estratégicos, el título universitario es crucial.

Los empleadores valoran la experiencia práctica en turismo, pero para cargos estratégicos, el título universitario es crucial.

¿Qué se valora realmente en Colombia?

En la base operativa, la experiencia sigue siendo el criterio de oro. En la coordinación intermedia, el valor está en la combinación: universidad para el método, práctica para la ejecución. Y en la cúspide estratégica, el título universitario es insustituible.

La paradoja, sin embargo, se mantiene. La mayoría de empresas del sector fijan como requisito mínimo dos años de experiencia, incluso para cargos de entrada. Así, el dilema se vuelve un callejón sin salida: sin experiencia no se accede al empleo, y sin empleo no se consigue la experiencia que se exige.

El debate sobre si pesa más la academia o la experiencia es, en el fondo, un falso dilema. El verdadero problema es un sistema que obliga a elegir, en lugar de articular. Mientras las universidades no ajusten currículos, las empresas no construyan rutas de carrera y el Estado no regule con firmeza, el turismo seguirá atrapado en un ciclo de precariedad: títulos que pesan poco y experiencias que no se reconocen.

La pregunta no es “¿qué vale más?”, sino “cómo lograr que valgan juntas”. Solo así Colombia podrá pasar de un turismo que se sostiene en mano de obra desechable a una industria profesional, sostenible y competitiva.

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