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Turismo deportivo: una oportunidad de oro para destinos emergentes en Colombia

El auge del turismo deportivo posiciona a Colombia como escenario ideal para eventos que integran deporte, naturaleza y movilidad.

El turismo deportivo continúa consolidándose como uno de los segmentos con mayor dinamismo dentro de la industria de los viajes. En Colombia, esta tendencia refleja una convergencia entre el gusto por la actividad física, la búsqueda de experiencias al aire libre y el impulso al turismo regional, especialmente en destinos emergentes.

Según un informe de Technavio, este segmento alcanzará un valor estimado de US$ 701.600 millones en 2025, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 12.9% hasta 2029. Estas proyecciones lo posicionan como uno de los nichos con mayor proyección del turismo internacional, apalancado por una demanda creciente de propuestas que integran ejercicio, entretenimiento y desplazamiento.

Un contexto favorable en Colombia

El país ha venido experimentando una recuperación sostenida en la llegada de visitantes. De acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Colombia recibió 6.7 millones de visitantes internacionales en 2024, lo que representa un crecimiento del 8.5% frente al año anterior. Aunque no todos los viajes están directamente ligados al deporte, la incorporación de actividades físicas en la programación de eventos culturales, recreativos o de bienestar ha ampliado las posibilidades para atraer a nuevos públicos.

Además, los datos muestran un comportamiento activo por parte de los viajeros-deportistas. Una encuesta realizada por CorreMiTierra, con una muestra de cerca de 9.000 corredores, reveló que el 34.6% participa en entre cuatro y seis competencias al año, mientras que el 39.6% asiste a hasta tres eventos anuales. Esta frecuencia de participación representa una oportunidad estratégica para los destinos que buscan captar a este perfil de visitante: comprometido, recurrente y con alto potencial de consumo.

Motor de desarrollo para destinos emergentes

El turismo deportivo tiene un efecto directo en la economía local. Los eventos atraen participantes y acompañantes desde diferentes regiones o países, lo que genera ingresos en sectores como alojamiento, gastronomía, transporte y comercio. A su vez, muchas competencias y encuentros deportivos se llevan a cabo en zonas rurales, pueblos intermedios o destinos no tradicionales, lo que contribuye a desconcentrar la demanda turística, fomentar la desestacionalización y generar empleo a nivel regional.

Experiencias como trail running, ciclismo, triatlones, carreras de aventura o caminatas ecológicas han tomado fuerza en municipios con riquezas naturales, paisajes únicos y condiciones ideales para actividades al aire libre. Así mismo, esta tendencia impulsa la infraestructura deportiva y turística, fortaleciendo las capacidades locales y estableciendo a los destinos como escenarios atractivos no solo para eventos, sino también para entrenamientos, retiros deportivos o campamentos de preparación.

Un segmento alineado con las nuevas demandas

En un escenario donde los viajeros valoran cada vez más las experiencias personalizadas, auténticas y sostenibles, el turismo deportivo se perfila como una alternativa que responde a múltiples motivaciones: bienestar físico, conexión con la naturaleza, superación personal y sentido de comunidad.

La clave estará en que los actores del sector —organizadores, autoridades locales, agencias, operadores turísticos y comunidades— trabajen de manera articulada para diseñar experiencias integrales, accesibles y sostenibles. De igual manera, será fundamental contar con estrategias de promoción y posicionamiento digital que visibilicen las fortalezas de los destinos y logren atraer tanto a deportistas amateur como a profesionales.

La evolución del turismo deportivo en Colombia dependerá de su capacidad para mantenerse como una opción atractiva y viable en el largo plazo. Esto incluye garantizar estándares de calidad en la organización de eventos, desarrollar alianzas público-privadas y asegurar la participación activa de las comunidades anfitrionas.

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