El turismo comunitario en Colombia cerró un proceso de casi dos años de acompañamiento a 460 unidades productivas de 136 municipios y 28 departamentos. La iniciativa combinó asistencia técnica, formación, activos productivos y conexiones comerciales para mejorar la oferta de estos negocios y acercar sus experiencias al mercado turístico. (Acotur: 'El turismo debe ser una política de Estado, no de gobierno')
Turismo comunitario: proyecto apoya a 460 negocios para crecer en el mercado
Un proyecto de MinCIT, Fontur, iNNpulsa, Acotur y Fundación Creata trabajó con 460 unidades de turismo comunitario con asistencia, activos y conexión comercial.
Julián Huérfano, director general de la Fundación Creata; Santiago González, coordinador de proyectos de Acolap; Naudia Wilches, subdirectora de Turismo Receptivo de Anato; Laura Durana, directora ejecutiva de Acotur; Jenifer Guzmán, ejecutiva de INNpulsa Colombia; María del Pilar Torres, asesora técnica del despacho del Viceministerio de Turismo; y Juan Pablo Peña, profesional Senior de iNNpulsa Colombia.
En pocas palabras
- 460 unidades: Proyecto apoyó a negocios de turismo comunitario en 136 municipios y 28 departamentos.
- Resultados: Mejoras en diseño de producto, narrativa y sostenibilidad; el 84.5% de los cambios se enfocaron en líneas priorizadas.
- Desafío: Convertir capacidades desarrolladas en ventas sostenibles y proteger la identidad cultural de las comunidades.
El trabajo se desarrolló en el marco de Empretur, programa vinculado a la política pública del sector turístico y articulado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Fontur e iNNpulsa Colombia, con Acotur y Fundación Creata como implementadores. Los resultados se compartieron durante Conecta TÚ-rismo: Conexiones con Propósito, encuentro que reunió a beneficiarios del proyecto, comercializadores y representantes de las entidades participantes, y que incluyó testimonios sobre el proceso de acompañamiento y espacios de conexión con el mercado.
“Definitivamente, este fue un proyecto en donde estar juntos fue lo que nos dio el gana-gana. Ni Creata solos ni nosotros solos hubiéramos podido sacar esta iniciativa adelante”, afirmó Laura Durana, directora ejecutiva de Acotur, al referirse a la articulación entre entidades, empresarios, comercializadores, academia y beneficiarios.
Por su parte, María del Pilar Torres, asesora técnica del despacho del Viceministerio de Turismo, señaló: “Trabajar la política pública desde un escritorio en Bogotá es una cosa, pero llevarla al territorio es muy difícil. Estamos hablando de turismo comunitario”.
¿Qué cambió en las 460 unidades de turismo comunitario?
El proceso comenzó con un diagnóstico individual y se estructuró en cuatro líneas: desarrollo de la oferta turística, sofisticación, sostenibilidad ambiental y promoción. Cada unidad recibió 30 horas de acompañamiento especializado, adaptadas a sus necesidades y nivel de desarrollo, pues cada iniciativa partía de condiciones diferentes.
La ejecución también se ajustó a las condiciones de conectividad: de las 460 unidades participantes, 288 —el 62.6%— realizaron la totalidad de sus horas de acompañamiento de manera presencial, ante las dificultades para desarrollar el proceso virtualmente en algunos destinos.
La cobertura alcanzó más de 4.000 empleos directos e indirectos y alrededor de 47.000 personas, entre integrantes de las unidades productivas y actores de sus cadenas de valor. La mayoría de los beneficiarios fueron microempresarios, principalmente agencias de viajes, alojamientos y restaurantes; el 59% de los representantes fueron mujeres y cerca del 52% de las iniciativas estaban en áreas rurales.
Tras el acompañamiento, el 84.5% de los cambios registrados correspondió a las líneas priorizadas para cada negocio, con mayores avances en diseño de producto, narrativa turística, costos y tarifas, redes sociales y recorrido del cliente. Además, el 95% mejoró su articulación con la comunidad y el 93% incorporó prácticas de compra local. También se trabajó en narrativa, segmentación, costeo, precios y finanzas.
Entre los retos pendientes quedaron la articulación con los destinos, los protocolos de servicio, la formalización de acuerdos con proveedores, la conectividad y las dificultades asociadas al orden público.
Activos y logística: el desafío de llegar a los territorios
La intervención contempló $30 millones por unidad productiva: $15 millones para activos y $15 millones para asistencia técnica. Los equipos y elementos se definieron según las características y necesidades de cada actividad turística.
Los planes de inversión alcanzaron una cobertura del 100%. Para las entregas se contactaron más de 770 proveedores, se adelantaron 1.471 procesos de compra y se adquirieron más de 6.240 ítems. De ellos, 2.753 fueron adquiridos en los territorios; 434 proveedores fueron locales y 281 unidades recibieron al menos un activo comprado en su propia zona.
La dotación abarcó hotelería, cocina, tecnología, maquinaria, sostenibilidad y avistamiento de flora y fauna, con tostadoras de café, equipos para rafting, sistemas solares fotovoltaicos, binoculares, telescopios, drones, molinos, máquinas de coser, telares, equipos de apicultura, vestuarios tradicionales, impresoras 3D y despulpadoras de fruta.
La logística fue uno de los principales desafíos. Algunas unidades estaban en comunidades a más de ocho horas en lancha o en zonas que exigieron medios alternativos para transportar los activos. Las dificultades de acceso por tierra, aire, mar o río no debían dejar por fuera a los beneficiarios de la formación, asistencia técnica o dotación.
Así, hubo entregas de kayaks y botes, baños secos, dotación hotelera para comunidades indígenas y equipos para iniciativas de cacao en la Sierra Nevada, entre otros casos. La operación evidenció la necesidad de adaptar la ejecución a la geografía, conectividad y condiciones de cada territorio.
A ello se sumaron más de $1.300 millones en aportes adicionales de los implementadores, destinados, entre otras acciones, a 65 diseños de marca y al acompañamiento de 38 unidades para formular proyectos y buscar financiación. Las ruedas de negocio reunieron a más de 53 unidades productivas y 33 comercializadores y entidades aliadas, generaron 486 citas y expectativas comerciales superiores a $687 millones.
El proyecto también dejó planes de acción, herramientas para finanzas básicas, diseño de producto, definición de roles y construcción de narrativas para futuras intervenciones, además de una calculadora de economía circular y la certificación de las horas de formación realizadas.
Turismo comunitario: el reto ahora es llegar al mercado
Concluida esta etapa, el desafío será convertir las capacidades desarrolladas en ventas sostenibles. Un estudio de mercado, basado en respuestas de 369 turistas y 57 agencias y operadores, identificó qué necesita el turismo comunitario para avanzar en su comercialización.
El análisis señaló cuatro aspectos: construir una narrativa territorial diferencial; organizar el servicio con información, tarifas y condiciones claras; demostrar con datos el impacto de cada visitante en las comunidades; y diseñar experiencias memorables que favorezcan su recomendación. También planteó simplificar los procesos de información y reserva.
La conexión con el mercado comenzó con ruedas presenciales y continuará con 20 ruedas virtuales entre emprendimientos y comercializadores. Desde el sector privado se señaló que estos procesos requieren constancia y una visión de mediano y largo plazo, pues una primera reunión no necesariamente termina en una venta. Además, será necesario conocer al viajero objetivo, manejar costos y tarifas y responder oportunamente a las solicitudes comerciales.
Otro asunto será la continuidad. El balance abrió la discusión sobre la necesidad de que estas intervenciones no terminen con una convocatoria, sino que las capacidades adquiridas se traduzcan en conexiones comerciales y negocios sostenibles.
La reflexión va más allá de las ventas: el crecimiento del turismo comunitario exige proteger la identidad, la herencia patrimonial y gastronómica y a las poblaciones residentes, especialmente frente a fenómenos como la gentrificación. El desafío será llevar estas iniciativas al mercado sin deteriorar los atributos culturales y sociales que les dan valor.
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