Inicio
Actualidad

La herencia económica y turística del nuevo Gobierno Nacional

Déficit, deuda y menor inversión marcan la herencia del nuevo Gobierno Nacional. En ese contexto, el turismo crece, pero también expone tensiones estructurales.

Colombia entra en una nueva etapa política con una paradoja difícil de ignorar: la economía no está en crisis, pero tampoco está sana. Aunque el PIB mantiene una senda positiva y sectores como el turismo exhiben cifras récord en divisas y conectividad, persisten fragilidades estructurales que limitan la capacidad de reacción del Gobierno Nacional.

Esa es la herencia que recibirá Abelardo de la Espriella para el periodo 2026-2030 tras la actual administración de Gustavo Petro: un país que sigue avanzando, pero sobre bases frágiles. La discusión de fondo ya no es si Colombia crece, sino qué tan sostenible resulta ese desempeño. (Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia: reacciones y qué propone para el turismo)

Una economía en expansión, pero con bases frágiles

El principal desafío del gobierno entrante no será reactivar una economía paralizada, sino administrar una economía que avanza a un ritmo insuficiente para corregir sus desequilibrios estructurales.

Según ANIF (Centro de Estudios Económicos de Colombia), la economía colombiana, medida a través del PIB, crecerá 2.5% en 2026, levemente por debajo del 2.6% proyectado por el Gobierno. Para 2027, la proyección oficial anticipa una moderación adicional de hasta 2.2%. Aunque son cifras positivas, siguen siendo modestas para un país que necesita elevar productividad, generar empleo formal, atraer inversión y sostener el gasto social.

El problema no está solo en el ritmo de expansión, sino en la calidad de ese desempeño. Buena parte del dinamismo reciente ha descansado en el consumo de los hogares, mientras sectores estratégicos —como infraestructura, hidrocarburos, construcción e inversión productiva— muestran menor tracción. En otras palabras, el consumo sostiene el presente, pero la inversión define el futuro.

Las proyecciones de ANIF anticipan que la economía colombiana seguirá avanzando, aunque a un ritmo más moderado entre 2026 y 2027.

Las proyecciones de ANIF anticipan que la economía colombiana seguirá avanzando, aunque a un ritmo más moderado entre 2026 y 2027.

El verdadero límite: unas finanzas públicas bajo presión

La restricción más severa de la próxima administración probablemente no será política, sino fiscal.

De acuerdo con ANIF, el Gobierno proyecta un déficit fiscal de 5.3% del PIB en 2026, pero el centro de estudios estima que podría alcanzar 6.5% e incluso escalar a 7.2% en un escenario adverso. Para recuperar una senda fiscal sostenible, Colombia requeriría un ajuste cercano a $ 53 billones, equivalente a 3 puntos del PIB.

Una de las mayores alertas está en el déficit primario. Mientras el Gobierno lo ubica en 2.1% del PIB, ANIF estima 3.3%, señal de que el desbalance fiscal no responde solo al costo de la deuda, sino también a un gasto estructuralmente superior a los ingresos. Si el gasto mantiene su ritmo actual de ejecución, ANIF advierte que el déficit primario podría superar incluso 4% del PIB, trasladando buena parte del ajuste fiscal a 2027.

A esto se suma el peso creciente de la deuda. Solo el pago de intereses pasaría de $ 52 billones en 2025 a $ 65 billones en 2026, mientras la inflación seguiría elevada: el Gobierno proyecta 6%, pero ANIF la ubica en 6.4%, todavía lejos de la meta del Banco de la República.

En la práctica, esto implica hogares con menor capacidad de gasto, empresas con mayores costos y una economía cuyo principal motor —el consumo— empieza a perder fuerza.

El mayor desafío del próximo gobierno no sería el crecimiento, sino el frente fiscal: déficit, deuda e inflación condicionan el margen de maniobra de la nueva administración.

El mayor desafío del próximo gobierno no sería el crecimiento, sino el frente fiscal: déficit, deuda e inflación condicionan el margen de maniobra de la nueva administración.

Turismo: cifras récord y señales de tensión

A primera vista, el turismo aparece como una de las mejores noticias que recibe la nueva administración.

Entre agosto de 2022 y marzo de 2026, Colombia recibió más de 23 millones de visitantes no residentes. En 2025, el gasto de turistas extranjeros alcanzó US$ 13.498 millones, un alza de 10.8% frente a 2024. Sumado al turismo interno, el gasto turístico total llegó a US$ 19.342 millones. (¿Qué actividades concentran el mayor gasto de los turistas internacionales en Colombia?)

El sector aportó US$ 9.699 millones al valor agregado nacional, equivalentes a 2.35% de la economía, y generó 995.709 empleos. Además, la apertura de 82 nuevas rutas aéreas internacionales fortaleció el posicionamiento del país. Sin embargo, detrás de estas cifras aparecen señales de tensión.

El turismo mantiene su aporte a la economía colombiana con mayor generación de divisas, empleo y conectividad internacional.

El turismo mantiene su aporte a la economía colombiana con mayor generación de divisas, empleo y conectividad internacional.

Más actividad, menos rentabilidad

El Consejo Turístico Colombiano (CTUR) advierte que detrás de los buenos indicadores existe una fragilidad estructural latente. (CTUR: las seis prioridades que los gremios del turismo solicitan al nuevo gobierno)

Aunque el turismo aportó $ 39.3 billones al valor agregado nacional en 2025, equivalentes al 2.4% del total nacional, al descontar inflación, el avance real acumulado desde 2022 fue de apenas $ 2.4 billones. Es decir, buena parte del aumento nominal del sector se explica por inflación y por el rebote pospandemia, más que por una expansión estructural.

Los ingresos por divisas refuerzan la paradoja. En 2025, viajes y transporte aéreo generaron US$ 11.418 millones, con un alza de 11.7%. Sin embargo, en el mismo periodo los visitantes no residentes cayeron 15,4%, al pasar de 7.1 millones a 5.9 millones.

La contradicción es evidente: entran menos visitantes, pero entran más dólares. Esto podría reflejar una mayor captación de viajeros de alto gasto, pero también una concentración del ingreso en segmentos específicos, sin distribuirse de forma homogénea en toda la cadena turística.

La desaceleración tampoco se limita al turismo internacional. Según la Encuesta de Gasto Interno en Turismo (EGIT), el turismo doméstico cayó 5.5% entre 2024 y 2023, equivalente a 96 mil turistas nacionales menos por trimestre, mientras la ocupación hotelera nacional cerró 2025 en 50.5%.

La fragilidad del negocio formal

La hotelería refleja con claridad la brecha entre las cifras macro y la realidad operativa del sector.

Según Cotelco, entre enero y abril de 2026 la ocupación hotelera cayó a 48.4%, mientras los ingresos reales retrocedieron 5.1% y el empleo formal disminuyó 4.1%. (Cotelco fija cuatro prioridades para atender la caída de ingresos y ocupación hotelera)

A esta presión se suma un problema de competitividad cada vez más visible. El aumento de los costos laborales —marcado por el alza del salario mínimo y la reforma laboral—, junto con la carga tributaria sobre servicios turísticos, como el IVA del 19% en los tiquetes aéreos, ha reducido el margen de maniobra de hoteles, aerolíneas y operadores.

En términos concretos, viajar dentro de Colombia compite cada vez más en precio con destinos internacionales. Para muchos viajeros, recorrer Cartagena, San Andrés o Santa Marta puede acercarse en

costo a paquetes hacia Panamá, Punta Cana o Cancún, erosionando el atractivo del mercado interno.

Las agencias de viajes reflejan una presión similar. Durante el primer trimestre de 2026 registraron una caída de 1.5% en ingresos nominales y una reducción de 3.7% en personal ocupado. A ello se suma la volatilidad cambiaria: aunque la TRM cayó 3.6% en 2026, cerca del 60% de las agencias, según Anato, reportó afectación en su rentabilidad por las fluctuaciones del dólar.

Para CTUR, el problema de fondo no es solo el aumento de costos, sino la distribución desigual del valor dentro de la cadena turística. Mientras algunos segmentos capturan una mayor proporción del ingreso, buena parte del empresariado formal enfrenta márgenes cada vez más estrechos.

En últimas, una de las grandes pruebas de la nueva administración será demostrar si Colombia puede construir un modelo turístico en el que dinamismo, competitividad, rentabilidad y formalidad avancen en la misma dirección.

Aunque el turismo genera más ingresos, varios indicadores reflejan desaceleración y presiones sobre la rentabilidad del negocio formal.

Aunque el turismo genera más ingresos, varios indicadores reflejan desaceleración y presiones sobre la rentabilidad del negocio formal.

La paradoja que inquieta al sector

Uno de los interrogantes que hoy más inquieta a la industria turística está en la aparente contradicción entre las cifras macro y la realidad operativa del sector hotelero.

Si Colombia ha venido reportando un aumento sostenido en llegada de pasajeros, conectividad aérea y flujo de visitantes internacionales, lo esperable sería que esa mayor demanda se reflejara en mejores niveles de ocupación hotelera. Sin embargo, ocurre lo contrario: la ocupación no solo no crece, sino que muestra señales de deterioro.

Para los empresarios, esta brecha sugiere que el problema ya no está únicamente en atraer viajeros, sino en la competitividad del destino. El fortalecimiento del peso frente al dólar, la menor devaluación y el encarecimiento de los servicios turísticos —presionados por impuestos, costos laborales y mayores gastos operativos— han reducido el atractivo del turismo doméstico frente a mercados internacionales.

La gran pregunta es si ese mayor flujo de viajeros realmente se traduce en mayor rentabilidad para la industria formal.