INFORME ESPECIAL

Cambio climático: desafío de supervivencia para el turismo

Tras el telón del Covid-19, el turismo enfrenta un desafío definitivo: el cambio climático. La emergencia es concreta y el sector empieza a cambiar de actitud.

A medida que el Covid-19 empieza a dar respiro a un golpeadísimo sector turístico, el cambio climático -rebautizado como “emergencia climática”- recupera el trono en la agenda de desafíos de la industria de los viajes.

Si bien el reto del cambio climático no es nuevo para la actividad, tras el velo de un año y medio de pandemia, el debate ha adquirido nuevos puntos de vista y muestra -en general- un sector que ha pasado de la defensiva a la ofensiva en una pelea por la supervivencia.

Turismo y emergencia climática, qué cambió tras el Covid

Para empezar, el trauma del Covid-19 demostró que “los cisnes negros” existen y hasta la infalibilidad de los escenarios de crecimiento permanente de los viajes pueden quedar en ridículo de un día para el otro.

No es casual que ahora se busque azuzar la transformación hacia un “turismo verde” apelando al shock postraumático de la pandemia de coronavirus.

El propio secretario general de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Zurab Pololikashvili, advirtió que la emergencia climática “es una amenaza mayor que el Covid”, y frente a ese desafío “volver a la vieja normalidad no es una opción”.

En línea con ello, Julia Simpson, presidenta y CEO del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), sentenció: “No tenemos alternativa: hemos de transformarnos en verde”.

Ambiente y turismo, de victimario a víctima

Previo al inicio de la pesadilla pandémica, los viajes y el turismo ya tenían una bomba de tiempo entre manos: transformarse en sustentables antes de que la demanda terminara por condenar a la industria.

¿A qué nos referimos? A que antes del Covid el turismo era señalado más como victimario que como víctima del cambio climático. El crecimiento exponencial de los viajes en la última década -gracias al abaratamiento de los vuelos, la mayor conectividad y los avances tecnológicos- había provocado que las emisiones de CO2 vinculadas al transporte de turistas (que son ¾ partes del total de la actividad) no pararan de crecer. En 2005 las emisiones totales por ese concepto fueron el 3,7% de las generadas por la actividad humana. Diez años más tarde el impacto representaba el 5% y para 2030 se preveía -antes del Covid- que esa proporción seguiría aumentando hasta llegar al 5,3%. O sea, en términos de cantidad de toneladas de CO2, las emisiones vinculadas al transporte turístico se dispararían en ese período de 25 años un 103%. Y todo ello pese a la enorme mejora en la eficiencia del uso del combustible, que hizo que respecto a 2009 las emisiones de carbono por pasajero se redujeran un 50%.

A nivel general, la actividad turística es responsable de aproximadamente del 8 al 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Y, según la última investigación de la Organización Mundial del Turismo, las emisiones del turismo crecieron al menos un 60% entre 2005 y 2016.

Ese dilema del crecimiento perpetuo puso al turismo en la mira del activismo ambiental. La visibilidad alcanzada por Greta Thunberg no solo “viralizó” el mensaje entre los irreverentes centennials, sino que logró coagular conceptos que hablan de que esa rebeldía está permeando lentamente en las pautas de consumo.

El “Flygskam” –que literamente significa “la vergüenza de volar”– es una consigna que apunta a que la gente busque medios alternativos al avión para trasladarse. En Europa se puede reemplazar buena parte de las emisiones de CO2 de los aviones trasladándose en trenes (cada km. en avión contamina cinco veces más que hacerlo en ferrocarril), pero ¿qué sucedería si las principales fábricas de turistas aplicaran ese criterio a los mercados de larga…?

“Si no ofrecemos una respuesta, este sentimiento crecerá y se expandirá”, advirtió tiempo atrás Alexandre de Juniac, expresidente de IATA.

Otro que analizó el fenómeno en COP25 -celebrada tres meses antes del estallido de la pandemia- fue Gabriel Escarrer, vicepresidente ejecutivo de Meliá, quien reconoció que el cambio climático era el mayor riesgo y que la actividad debía dar un paso adelante y liderar la reducción de las emisiones de CO2: “Debemos concienciarnos, porque se está generando un movimiento de vergüenza de viajar. Estamos en la mira, pero no somos los culpables, somos un agente más que además está trabajando en ello”.

Dicho y hecho, en COP25 el turismo había quedado en la mira, de extraños, pero también de propios. La secretaria ejecutiva de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, Patricia Espinosa, dijo entonces que el turismo era una potencia económica global, tanto por su aporte a PBI (10,4%) como por la cantidad de empleo que crea, pero señaló que todo eso podía estar en peligro: “Con este tipo de éxito, ¿por qué deberíamos cambiar lo que estamos haciendo? Francamente, porque no tenemos elección (…) Si algunas compañías e industrias no se adaptan a este nuevo mundo, dejarán de existir”.

Una frase que acredita la actitud defensiva a la que se había llevado al sector la dijo en el mismo escenario la extitular de WTTC, Gloria Guevara, cuando advirtió: “Simplemente decir ‘no viajen, eso ayudará al ambiente’ sería muy irresponsable y llevaría a un aumento de la pobreza, del desempleo y, en última instancia, de los daños al planeta”.

La transformación verde del turismo

Todo ese debate prepandémico apuntaba -en última instancia- a que sería la demanda la que, preocupada por las consecuencias ambientales de los viajes, forzaría un cambio de escenario en la industria.

Sin embargo, en las últimas semanas se ha dado una confluencia de hechos y análisis que evidencian un cambio de enfoque.

Primero porque el acento en la relación entre turismo y ambiente ya no está exclusivamente puesto en la condición de victimario del sector. Son muchos los datos científicos que ya hablan de la industria de los viajes como víctima de la emergencia climática, independientemente del humor de la demanda.

Niclas Svenningsen, gerente de Acción Climática Global de Convención Marco de las Naciones Unidas, lo admitió durante COP26, celebrada en Glasgow días atrás, al señalar: “El turismo es uno de los sectores más vulnerables al cambio climático y uno de los sectores que más tiene que aportar a la agenda de desarrollo sostenible 2030”.

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Cambio climático. Los hoteles en zonas costeras están constantemente en riesgo por los efectos de los ciclones tropicales, y los costos de la prevención de desastres aumentan todos los años.

Cambio climático. Los hoteles en zonas costeras están constantemente en riesgo por los efectos de los ciclones tropicales, y los costos de la prevención de desastres aumentan todos los años.

¿Por qué el clima amenaza al turismo?

“Los fenómenos extremos son la nueva normalidad”, afirmó en la reciente COP26 Petteri Taalas, secretario general de la Organización Metereológica Mundial (OMM), quien continuó: “Existen cada vez más pruebas científicas que indican que algunos de estos fenómenos llevan el sello del cambio climático causado por las actividades humanas”.

Durante el evento realizado en Glasgow, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) presentó su último y más completo informe científico donde declaró un “código rojo para la humanidad”, explicado -en parte- por un 2021 sin precedentes en desastres climáticos, incluidas inundaciones, ciclones, sequías, domos de calor, huracanes e incendios.

Acceda al Atlas interactivo de IPCC sobre cambio climático por región y vea cómo afectará a su destino

“Por primera vez desde que se dispone de registros, llovió, en lugar de nevar, en la cima del manto de hielo de Groenlandia. Los glaciares de Canadá experimentaron una rápida fusión. En el marco de la ola de calor que se produjo en Canadá y partes adyacentes de Estados Unidos se registraron temperaturas cercanas a 50°C y en muchas partes del Mediterráneo hubo temperaturas sin precedentes. El calor excepcional a menudo estuvo acompañado de devastadores incendios”, graficó Petteri Taalas, quien amplió: “En unas horas cayó el equivalente a meses de lluvia en China, y partes de Europa se vieron asoladas por graves inundaciones que ocasionaron decenas de víctimas y pérdidas económicas valuadas en miles de millones. Las sequías que se produjeron por segundo año consecutivo en la región subtropical de América del Sur redujeron el caudal de las imponentes cuencas fluviales y perjudicaron la agricultura, el transporte y la producción de energía”.

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Cambio climático. Según las Naciones Unidas, los fenómenos extremos fueron la nueva normalidad en 2021.

Cambio climático. Según las Naciones Unidas, los fenómenos extremos fueron la nueva normalidad en 2021.

Vea un resumen de BBC sobre el último informe de IPCC sobre cambio climático para el mundo y Latinoamérica (6:47)

En vísperas de la reunión de G20 en Italia, celebrada el 30 y 31 de octubre pasado, la Fundación Centro Euromediterráneo sobre Cambio Climático (CMCC) publicó el Atlas de Riesgos Climáticos. Se trata del primer estudio de este tipo que proporciona escenarios climáticos, información, datos y cambios futuros en el clima en los países de G20. Y lo llamativo es que en esa serie de hojas informativas, que resumen las proyecciones científicas de cómo serán las secuelas ambientales en las próximas décadas, el turismo aparece ubicado como uno de los sectores económicos en riesgo.

A nivel general, el informe encuentra que en el peor de los casos, sin una acción urgente para reducir las emisiones de carbono, las pérdidas de PIB debido al daño climático en los países de G20 aumentará al 4% anual para 2050. Esto podría llegar a más del 8% para 2100, equivalente al doble de las pérdidas económicas del bloque causadas por el Covid-19.

Por el contrario, cuanto más rápido adopten los países políticas bajas en carbono, menor será la cascada de impactos climáticos y más manejables se volverán.

Desde sequías, olas de calor y aumento del nivel del mar hasta la disminución de los suministros de alimentos y las amenazas al turismo, estos hallazgos muestran cuán severamente afectará el cambio climático a las economías más grandes del mundo a menos que actuemos ahora”, advirtió Donatella Spano, miembro del Consejo Estratégico de CMCC y coordinadora del Atlas.

Algunos de los cambios concretos que prevé el estudio son alarmantes. Por caso, las olas de calor podrían durar al menos 10 veces más en todos los países de G20, mientras que en Argentina, Brasil e Indonesia se extenderían más de 60 veces más para 2050. En Europa, las muertes por calor extremo podrían aumentar de 2.700 por año a 90.000 por año para 2100, en un escenario de altas emisiones.

El cambio climático también afectará la seguridad alimentaria y el aumento del nivel del mar podría dañar la infraestructura costera en 30 años. Los incendios forestales, las inundaciones costeras y los huracanes podrían incrementar los costos de los seguros y reducir el valor de las propiedades en los países comprometidos.

¿Cómo afectaría el cambio climático al turismo en Latinoamérica?

El Atlas presentado en G20 cubre tres países de Latinoamérica: Argentina, Brasil y México. En los tres casos las advertencias respecto a cómo se modificarían los destinos turísticos son serias (sin contar los impactos indirectos por el deterioro de la economía, la salud y las condiciones de vida, en general):

  • México: el turismo es un sector clave de la economía mexicana, contribuyendo con un 8,7% de su PIB. Las zonas costeras, importante destino turístico internacional, son altamente vulnerables a los impactos climáticos, por lo que se espera que se vean muy afectadas por el cambio. Los ricos ecosistemas marinos también están en peligro de sufrir eventos climáticos severos y aumentos de temperatura. Además, los hoteles ubicados en las zonas costeras están constantemente en riesgo por los efectos de los ciclones tropicales, y los costos de la prevención de desastres aumentan todos los años. Se estima que para 2050, los impactos climáticos sobre el turismo extranjero podrían resultar en una pérdida de € 89 millones o el 0,01% de PIB, tanto en escenarios de medias y altas emisiones.
  • Argentina: en las últimas décadas se ha observado una tendencia progresiva hacia la prolongación de las condiciones climáticas de verano durante la primera parte del otoño. Y las proyecciones muestran una tendencia similar para el resto del siglo. Si bien esto favorecería un incremento del turismo interno a las zonas de playa y la costa marítima, en la Patagonia -destino estrella para el receptivo internacional- habría una reducción en los viajes vinculados a la montaña y los deportes de invierno, debido a la retirada de glaciares y la tendencia decreciente de las precipitaciones y la nieve.
  • Brasil: la erosión de la zona costera -que alberga 50 millones de personas y es donde se encuentran los principales destinos turísticos- ha ido en aumento en las últimas décadas. Los impactos del cambio climático ya son perceptibles, tanto en el sur como en el norte, con inundaciones por mareas de tormenta, pérdida de costas arenosas, daños a asentamientos, infraestructura y ecosistemas. El cambio climático puede exacerbar estas secuelas debido al aumento del nivel del mar, del oleaje y las tormentas.
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    Cambio climático. La reducción en los viajes vinculados a la montaña y los deportes de invierno, debido a la retirada de glaciares, es una de las amenazas que afronta la Patagonia.

    Cambio climático. La reducción en los viajes vinculados a la montaña y los deportes de invierno, debido a la retirada de glaciares, es una de las amenazas que afronta la Patagonia.

    Lea o descargue las fichas completas sobre el impacto climático en Argentina, Brasil y Chile

El compromiso del turismo con la emergencia climática

Frente a ese alarmante panorama que acabamos de describir hay dos buenas noticias, que grafican el paso de una actitud defensiva a una propositiva por parte del sector turístico.

Por un lado, es muy interesante ver el cambio de mentalidad del empresariado y cómo esto se empieza a concretar en la oferta.

Según una encuesta reciente de Euromonitor International, el 58% de las empresas de viajes implementaron un programa de sostenibilidad en 2021, un 2,9% más que en 2020. Asimismo, más de la mitad de los encuestados dijeron que en el desarrollo de nuevos productos están tomando en cuenta características que garantizan la sostenibilidad de los mismos, un 9,5% más en 2020-2021.

Sin embargo, el objetivo de construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y fomentar la innovación (uno de los aspectos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas) registró una caída importante porque la pandemia detuvo la inversión en el corto plazo.

No es casual que desde el sector se levanten voces pidiendo asistencia pública para poder garantizar el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sustentable. En su intervención en COP26, el secretario general de OMT subrayó que "aunque muchas empresas privadas han liderado el avance de la acción climática, es necesario un enfoque más ambicioso en todo el sector para garantizar que el turismo acelere la acción climática de forma significativa”. En este sentido, el dirigente declaró que la inversión pública “alentará e impulsará” la privada en todo el mundo, y agregó: “El turismo puede mejorar si los Gobiernos le prestan el apoyo adecuado”.

La Declaración de Glasgow, una vía concreta contra el cambio climático

Por último, es alentador ver cómo la emergencia climática ha propiciado un paso adelante en conjunto entre los sectores público y privado de la actividad a partir de la Declaración de Glasgow presentada en COP26.

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Cambio climático. Más de 300 agentes turísticos (empresas, organismos, destinos y países) ya firmaron la Declaración de Glasgow presentada en la COP26, donde se prevé reducir las emisiones a la mitad en la próxima década y alcanzar un valor cero tan pronto como sea posible antes de 2050.

Cambio climático. Más de 300 agentes turísticos (empresas, organismos, destinos y países) ya firmaron la Declaración de Glasgow presentada en la COP26, donde se prevé reducir las emisiones a la mitad en la próxima década y alcanzar un valor cero tan pronto como sea posible antes de 2050.

Leer y suscribir la Declaración de Glasgow en este link

El documento, firmado ya por 300 agentes turístico (empresas, organismos, destinos y países), prevé reducir las emisiones a la mitad en la próxima década y alcanzar un valor cero tan pronto como sea posible antes de 2050.

Para hacerlo, cada signatario de la Declaración de Glasgow se compromete a preparar un plan concreto de acción por el clima, o un plan actualizado, en el plazo de 12 meses desde su firma.

Los planes estarán alineados con las vías propuestas de medición, descarbonización, regeneración, colaboración y financiación, que acelerarán la capacidad transformadora del turismo.

La vanguardia de países turísticos para frenar el cambio climático

En el marco de COP26 se creó una nueva coalición de destinos turísticos y líderes de organizaciones internacionales, bautizada como Centro Global de Turismo Sostenible (STGC).

Esta alianza tiene como objetivo acelerar la transición del turismo a cero emisiones de gases de efecto invernadero, así como impulsar la acción para proteger la naturaleza y apoyar a las comunidades.

Los países invitados a formar parte de esta coalición en la fase inicial son Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Japón, Alemania, Kenia, Jamaica, Marruecos, España y Arabia Saudita. Estos países han priorizado el clima, el turismo y las pymes, lo que permitirá sinergias para esta importante iniciativa.

STGC tendrá su sede en Riad, Arabia Saudita, y planea abrir oficinas regionales en otros países. El Centro se focalizará en al menos nueve áreas de apoyo a la industria, incluida la elaboración de estándares y la provisión de recursos para el sector turístico, el desarrollo de capacidades y la financiación e inversión de proyectos.

“Hay una ventana de oportunidad para que las empresas y los gobiernos se unan para impulsar estos objetivos críticos, y STGC servirá como una 'estrella del norte' para lograr esta misión”, señaló durante una sesión espacial en COP26 Felipe Calderón, expresidente de México y titular del Instituto de Recursos Mundiales.

Por su parte, Gloria Guevara, asesora especial de Arabia Saudita, insistió en la necesidad de una solución global: “Es posible que las pymes de nuestro sector, como una agencia de viajes o un operador turístico, no conozcan su huella de carbono y cómo contribuir a la carrera a cero. Cada vez que nos vamos de vacaciones creamos empleos y reducimos la pobreza, sería genial si llegamos a un punto en el que cuanto más nos vamos de vacaciones, mejor es para el planeta”.

¿Es posible un turismo con emisión cero?

Como dice la Declaración de Glasgow: “Una transición justa a un valor cero antes de 2050 solo será posible si el turismo, al recuperarse, acelera la adopción de modalidades de producción y consumo sostenibles y redefine nuestro éxito futuro para considerar, no solo el valor económico, sino más bien la regeneración de los ecosistemas, la biodiversidad y las comunidades”.

Hacerlo es una cuestión de supervivencia y no solo del sector turístico.

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