El calendario electoral ya está en marcha y el 31 de mayo de 2026 marcará la primera vuelta. Con las fórmulas inscritas ante la Registraduría, Colombia entra en una nueva contienda donde, más allá de los aspirantes, hay un grupo que concentra la atención y orienta el debate. (Candidatos a la Presidencia de Colombia 2026-2030: ¿qué proponen para el turismo?)
¿Qué puede esperar el turismo del próximo gobierno?
Con candidaturas definidas, el turismo reaparece en campaña. Solo una lo trata como sector; el resto lo diluye. Es clave en la economía, pero no en la política.
En medio del calendario electoral, el turismo sigue esperando definiciones concretas de los candidatos a la Presidencia de Colombia 2026-2030.
En ese núcleo se ubican Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda, Claudia López y Sergio Fajardo, nombres que dejaron atrás la etapa de posicionamiento y hoy están en terreno de definición. Por su peso político, el discurso ya no es suficiente: están llamados a precisar qué lugar ocupará el turismo dentro del modelo de país que proponen.
Esa exigencia se hizo evidente cuando el sector buscó interlocución directa. Anato convocó a las fórmulas vicepresidenciales de las campañas que vienen ganando espacio en la discusión nacional. Asistieron José Manuel Restrepo (fórmula de Abelardo de la Espriella) y Juan Daniel Oviedo (fórmula de Paloma Valencia), pero no hubo contacto con la campaña de Aida Quilcué (Iván Cepeda). El hecho no es menor, pues refleja una constante que el turismo conoce bien: la industria busca diálogo, pero no siempre encuentra respuesta en la política.
El turismo aparece… pero no como política
Desde ahí se instala la pregunta central de esta nota. El turismo sí aparece en los planes de gobierno, pero no lo hace con la jerarquía que su tamaño exige. No es invisible, pero tampoco articula la agenda. Se menciona como oportunidad, herramienta o resultado de otras políticas, pero rara vez como una estructura con reglas propias, metas claras y capacidad de ejecución. Esa diferencia marca el rumbo de lo que puede venir.
El caso más claro es el de Sergio Fajardo, el único que trata el turismo como sector en sentido estricto. Su programa incluye un capítulo propio, “Turismo. Protege, valoriza e integra”, con una visión nacional articulada en seguridad turística, datos, formación, promoción e inversión. No es una referencia aislada, es una apuesta con forma, lo que lo ubica un paso adelante. No porque resuelva todo, sino porque reconoce que el turismo requiere una política específica.
Aun así, persisten interrogantes. La propuesta incorpora conceptos fundamentales, pero deja abiertas dudas sobre financiación, articulación institucional y ejecución en territorios diversos. Hay estructura, pero no certezas sobre su implementación.
En Claudia López, el turismo se aborda desde lo territorial. Aparece en San Andrés con economía azul, en la Amazonía con ecoturismo, en el Pacífico como alternativa productiva y en regiones como el Eje Cafetero con experiencias y servicios. La lectura es clara: el turismo no es homogéneo. Sin embargo, esa misma amplitud lo dispersa, dejando a la industria sin un eje sectorial definido.
En Iván Cepeda, el turismo se integra a una narrativa más amplia de transformación social. Se vincula con comunidades, economías afro, gastronomía y sostenibilidad. La visión es coherente en lo social, pero se diluye en lo operativo: no hay desarrollo sectorial claro ni herramientas concretas de implementación.
Por su parte, Abelardo de la Espriella le da espacio en el Pilar 10, “Turismo, Cultura y Deporte”. Allí se plantea la apertura de nuevas regiones, el desarrollo del turismo de naturaleza y aventura, la formalización de actores y el posicionamiento del país a nivel internacional. Sin embargo, la propuesta gira alrededor de una idea dominante: el orden. El turismo queda subordinado a la seguridad, como si esta fuera suficiente para activar el sector.
Ese mismo enfoque se reflejó en la intervención de su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, durante el encuentro con el gremio, donde insistió en la necesidad de recuperar la iniciativa privada, mantener la formalización como política y avanzar en la simplificación regulatoria. Además, planteó la importancia de contar con una plataforma de información robusta para la toma de decisiones. El planteamiento recoge elementos clave, pero mantiene al turismo dentro de una agenda más amplia, no como una política autónoma con desarrollo propio.
En Paloma Valencia, la propuesta es más breve. El Plan Turismo 12M plantea cielos abiertos, incentivos a regiones emergentes y metas ambiciosas de visitantes y gasto turístico. Son puntos relevantes, especialmente en términos de conectividad y diversificación. Sin embargo, el desarrollo es limitado frente a lo que exige una industria de esta dimensión.
Durante el mismo encuentro, su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, puso sobre la mesa un elemento puntual: la falta de datos en el sector. Señaló que el turismo debe entenderse como un catalizador económico real y no solo como una oportunidad, e insistió en potenciar el turismo corporativo y el turismo interno, junto con abordar la seguridad y la informalidad. Aunque estas ideas apuntan a problemas estructurales, aún no se traducen en una propuesta integral que articule todos esos frentes.
El silencio también comunica
El punto más crítico no está únicamente en los documentos. Está en la relación entre la política y la industria. Desde Ladevi se buscó abrir espacios de entrevista con los candidatos, precisamente para conocer su lectura del sector y cómo llevarían a la práctica las pocas —o en algunos casos nulas— propuestas existentes. No hubo respuesta.
Ese silencio resulta tan elocuente como cualquier plan de gobierno. Confirma que el turismo sigue siendo funcional en el discurso, pero no en la interlocución real. Se priorizan espacios de alto alcance, como los medios masivos, mientras se esquivan escenarios donde las preguntas son técnicas, específicas y exigentes.
Y ahí es donde el discurso se pone a prueba. Porque hablar de destinos, biodiversidad o cultura es relativamente sencillo. Lo complejo es responder por temas como carga tributaria, conectividad aérea, formalización, seguridad turística, promoción internacional, datos sectoriales o condiciones para la inversión. Se habla del destino, pero no de la industria que lo hace posible.
La industria sí tiene clara su agenda
Ese contraste se hizo aún más evidente en el encuentro con Anato. El gremio no llevó una narrativa aspiracional, sino una agenda concreta basada en tres pilares: turismo como política de Estado, competitividad y productividad, e infraestructura y conectividad.
Además, Paula Cortés Calle, presidente ejecutiva de Anato, fue directa al afirmar que invertir en turismo no es un gasto, sino una decisión económica estratégica. En ese mismo espacio se abordaron temas como formalización, simplificación regulatoria, datos y seguridad, mientras quedaba en evidencia que no todas las campañas estaban dispuestas a dar esa conversación.
La pregunta que sigue abierta
El turismo no está ausente del debate, pero tampoco ocupa el lugar que le corresponde. Se reconoce su potencial, pero no se traduce en políticas con el nivel de detalle que requiere. Se menciona su impacto, pero no se articula como motor económico en sentido pleno.
Por eso, la pregunta inicial se mantiene: ¿qué puede esperar el turismo del próximo gobierno? La respuesta, por ahora, es ambigua. Puede esperar más menciones, más promesas y más referencias a sostenibilidad y desarrollo territorial. Pero, si se analiza la profundidad de las propuestas y la relación con la industria, todavía no hay señales contundentes de que el sector vaya a ocupar un lugar central en la agenda política.
Y ese es el verdadero riesgo. Porque el turismo en Colombia ya no es una promesa. Es empleo, empresa, divisas, inversión y desarrollo regional. Si no se asume desde esa dimensión, el país seguirá repitiendo el mismo patrón: crecer en cifras, pero sin una política que acompañe ese crecimiento.
En ese escenario, la conclusión no es optimista ni pesimista. Es simplemente realista: el turismo avanza en la economía, pero sigue rezagado en la política.
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