El turismo colombiano enfrenta una combinación de factores que merece atención. Hoteles, operadores receptivos, agencias, transportadores, restaurantes y prestadores de experiencias comparten una realidad: buena parte de sus ingresos del turismo internacional se negocia en dólares, mientras prácticamente todos sus costos se pagan en pesos. Y allí comienza la tormenta.
En pocas palabras
- Turismo receptivo: Enfrenta una "tormenta perfecta" por costos en pesos al alza y revaluación.
- Costos vs. Ingresos: Aumento del 23% en salarios y dólar a la baja reducen rentabilidad del sector.
- Competitividad: Urge analizar cómo preservar la competitividad del sector ante factores externos.
Este año el salario mínimo aumentó 23%. Al mismo tiempo, el dólar, que en 2025 promedió cerca de $ 4.053, ha llegado a niveles próximos a $ 3.100. Mientras los costos internos crecen, los mismos dólares generan cerca de 23% menos pesos.
Para el turismo receptivo la situación es más compleja porque muchas tarifas internacionales se negocian con seis, doce y hasta dieciocho meses de anticipación. El empresario compromete precios en dólares sin conocer la tasa de cambio que tendrá al prestar el servicio, mientras sus costos continúan ajustándose en pesos.
A ello se suma el reciente terremoto en regiones como el Eje Cafetero, donde será necesario reconstruir infraestructura, pero también recuperar visitantes, empresas e ingresos.
Colombia, además, compite por el presupuesto del viajero internacional. Subir las tarifas para compensar la revaluación puede restarle competitividad al destino, mientras reducir permanentemente los márgenes tampoco es sostenible.
Por eso, no basta con medir cuántos visitantes llegan o cuántas divisas ingresan. También debemos preguntarnos cuánto de esos recursos se convierte realmente en rentabilidad, inversión y empleo en Colombia.
El 30.º Congreso Nacional de Agencias de Viajes y Turismo de Anato, realizado en Barranquilla, fue un escenario para poner esta realidad sobre la mesa entre empresarios, gremio y Gobierno.
No se trata de intervenir artificialmente la tasa de cambio, sino de analizar cómo preservar la competitividad de una actividad que genera divisas, ingresos regionales y miles de empleos. Costos crecientes, revaluación, incertidumbre cambiaria, reconstrucción y competencia internacional coinciden sobre el sector: una verdadera tormenta perfecta que debemos atender antes de que afecte lo construido durante años.
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